Bitácora 7: Octava clase:
Este fue un
día en el que pude sentirme como la mejor persona del mundo y a la vez la peor.
Ya estuvimos
planeando la clase hace una semanas y sabíamos que sería muy diferente a
cualquier clase que hayamos hecho allá en Llanavilla, no podría decir si lo
hicimos bien, creo que los niños deberían responder eso, aunque estoy seguro
que esta vez sí di el máximo de mí, y sé que no fue suficiente.
La clase
anterior me sentí muy cansado ya que solo fuimos dos y creo que al momento de
enseñar la responsabilidad recayó en mí, pero eso no fue nada en comparación
con lo de ahora. Cuando terminó solo quería tirarme y dormir un poco, ¡estaba
exhausto!
Estuvimos
terminando de coordinar todo antes que los niños llegaran, decidimos ocupar
nuestro salón y hacer la clase allí, estábamos limpiando cuando los niños
llegaron, apenas bajaron como cuatro de ellos fueron a abrazarme, de verdad me
sentía feliz. Creo que así se debe sentir ser un padre y que un hijo venga y te
abrace porque nunca había sentido ese afecto de parte de los niños, me miraban
como si fuera un héroe o alguien que los haría felices y eso es lo que quería
hacer. ¡ME SENTÍA COMO SI FUERA ALGUIEN IMPORTANTE PARA ELLOS!, esas cosas son
las que me alegran un día o una semana llena de estrés y desesperación.
Me hubiera
gustado sentirme así de feliz todo el día pero no fue así, los niños parecían
tan obedientes cuando bajaban del bus e iban a los salones que no me di cuenta
cuando mi propio salón se volvió un caos.
Lo que estoy por narrar parecería
sacada de una película de terror: Los niños estaban tranquilos en los salones
cuando hacíamos clases con los proyectores, pusimos el abecedario en la pizarra
y uno que otro niño se paraba pero los sentábamos en seguida, sentía que se
amotinaban o que ya habían planeado esto estratégicamente como si de una guerra
se tratara cuando varios comenzaron a salirse de golpe y fueron unos tras
otros, corriendo, saliendo, gritando, jugando, peleándose.
En ese momento éramos Daira, Paola, Valeria y yo
contra 20 niños, que no podían estar tranquilos. Por un lado estaban Johan
peleándose o Kimberly y Marbella molestando a alguna niña o un niño molestando
a ellas, Omar corriendo, Piero saliendo del salón, creo que si sigo poniendo
ejemplos no entrarían en un solo blog.
Creo que todo
inició cuando los dejábamos ir al baño, todo iba bien hasta que teníamos
planeado hacer una ensalada de frutas, a alguien se le ocurrió que todos fueran
al baño y ahí fue cuando explotó, era tanto así que de otros salones pedían que
nos calláramos. Suerte que contábamos con cierta ayuda de Fahed y Jorge que
estaban allí y contuvieron a algunos niños aunque de todos modos creo que no
fuimos suficientes.
En esos
momentos creo que fue cuando más me molesté con los niños, llegué a gritarles a
algunos para que se sentaran, pero siempre pensando “No les grites, son niños”,
pero es que era la única manera para que me escucharan, miento, no funcionó.
Pero no fui
el único en esa situación vi a todo mi equipo gritarles a los niños en algún
momento porque de verdad no se les podía tener más paciencia. Abusaron de la
confianza que les dábamos, se supone que estaban agradecidos y de verdad no lo
pude entender en el momento, solo cuando ya se fueron.
Volviendo al
caos… me preocupó bastante Kimberly, ya que si a veces molesta a otras niñas y
las hace sentir mal, se puso demasiado triste al no poder sentarse con su mejor
amiga Marbella, luego me di cuenta que mejor significaba su única amiga. Ella
de verdad me preocupó cuando me dijo que no conocía a casi nadie más en el
salón y que solo la entendía Marbella. No se cómo Daira pudo razonar con ella
de alguna manera aunque también le costó bastante el hacerla participar.
Finalmente
habíamos planeado ir al recreo con ellos, cosa que no se pudo dar ya que
perdimos demasiado tiempo en la ensalada de frutas y me perdíamos el control de
vez en cuando, personalmente me distraje por ver el marcador entre Alemania y
Ghana un par de veces. Pero volviendo a lo importante, los niños estaban
tristes o al menos las niñas ya que nos separamos para llevarlas al recreo.
Creo sin
dudar que las niñas son más fáciles de hacer entrar en razón que los niños, ahí
el dicho que son más maduras, recién lo creí. Estaban tristes pero respetaban
nuestra decisión, o bueno yo hubiera preferido que jugaran un rato pero el
tiempo ya no nos daba para más.
Lo que no
pude entender fue porque si los niños nos querían tanto a veces se portan así,
me puse un rato a pensarlo hasta que me di cuenta que muchas veces tanto yo
como el resto de mi salón somos exactamente iguales, queremos mucho a nuestros
profesores, pero a veces de verdad me importan más mis problemas que
escucharlos a ellos, me sentí como creo que muchos profesores se sienten y creo
que debería de ser más respetuoso al igual que los niños.
Algo que
gustaría hacer para después es el “PENSAR COMO NIÑO, ACTUAR COMO UN NIÑO Y SER
UN NIÑO” esa frase se me pegó por un buen tiempo, me di cuenta que era sería la
única manera de volver a entenderlas, ya que en algún momento fui uno y entiendo
lo diferente que es serlo.


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