jueves, 3 de julio de 2014

Bitácora 7: Octava clase:

Este fue un día en el que pude sentirme como la mejor persona del mundo y a la vez la peor.
Ya estuvimos planeando la clase hace una semanas y sabíamos que sería muy diferente a cualquier clase que hayamos hecho allá en Llanavilla, no podría decir si lo hicimos bien, creo que los niños deberían responder eso, aunque estoy seguro que esta vez sí di el máximo de mí, y sé que no fue suficiente.

La clase anterior me sentí muy cansado ya que solo fuimos dos y creo que al momento de enseñar la responsabilidad recayó en mí, pero eso no fue nada en comparación con lo de ahora. Cuando terminó solo quería tirarme y dormir un poco, ¡estaba exhausto!

Estuvimos terminando de coordinar todo antes que los niños llegaran, decidimos ocupar nuestro salón y hacer la clase allí, estábamos limpiando cuando los niños llegaron, apenas bajaron como cuatro de ellos fueron a abrazarme, de verdad me sentía feliz. Creo que así se debe sentir ser un padre y que un hijo venga y te abrace porque nunca había sentido ese afecto de parte de los niños, me miraban como si fuera un héroe o alguien que los haría felices y eso es lo que quería hacer. ¡ME SENTÍA COMO SI FUERA ALGUIEN IMPORTANTE PARA ELLOS!, esas cosas son las que me alegran un día o una semana llena de estrés y desesperación.

Me hubiera gustado sentirme así de feliz todo el día pero no fue así, los niños parecían tan obedientes cuando bajaban del bus e iban a los salones que no me di cuenta cuando mi propio salón se volvió un caos.
Lo que estoy por narrar parecería sacada de una película de terror: Los niños estaban tranquilos en los salones cuando hacíamos clases con los proyectores, pusimos el abecedario en la pizarra y uno que otro niño se paraba pero los sentábamos en seguida, sentía que se amotinaban o que ya habían planeado esto estratégicamente como si de una guerra se tratara cuando varios comenzaron a salirse de golpe y fueron unos tras otros, corriendo, saliendo, gritando, jugando, peleándose.

En ese momento éramos Daira, Paola, Valeria y yo contra 20 niños, que no podían estar tranquilos. Por un lado estaban Johan peleándose o Kimberly y Marbella molestando a alguna niña o un niño molestando a ellas, Omar corriendo, Piero saliendo del salón, creo que si sigo poniendo ejemplos no entrarían en un solo blog.

Creo que todo inició cuando los dejábamos ir al baño, todo iba bien hasta que teníamos planeado hacer una ensalada de frutas, a alguien se le ocurrió que todos fueran al baño y ahí fue cuando explotó, era tanto así que de otros salones pedían que nos calláramos. Suerte que contábamos con cierta ayuda de Fahed y Jorge que estaban allí y contuvieron a algunos niños aunque de todos modos creo que no fuimos suficientes.

En esos momentos creo que fue cuando más me molesté con los niños, llegué a gritarles a algunos para que se sentaran, pero siempre pensando “No les grites, son niños”, pero es que era la única manera para que me escucharan, miento, no funcionó.

Pero no fui el único en esa situación vi a todo mi equipo gritarles a los niños en algún momento porque de verdad no se les podía tener más paciencia. Abusaron de la confianza que les dábamos, se supone que estaban agradecidos y de verdad no lo pude entender en el momento, solo cuando ya se fueron.

Volviendo al caos… me preocupó bastante Kimberly, ya que si a veces molesta a otras niñas y las hace sentir mal, se puso demasiado triste al no poder sentarse con su mejor amiga Marbella, luego me di cuenta que mejor significaba su única amiga. Ella de verdad me preocupó cuando me dijo que no conocía a casi nadie más en el salón y que solo la entendía Marbella. No se cómo Daira pudo razonar con ella de alguna manera aunque también le costó bastante el hacerla participar.

Finalmente habíamos planeado ir al recreo con ellos, cosa que no se pudo dar ya que perdimos demasiado tiempo en la ensalada de frutas y me perdíamos el control de vez en cuando, personalmente me distraje por ver el marcador entre Alemania y Ghana un par de veces. Pero volviendo a lo importante, los niños estaban tristes o al menos las niñas ya que nos separamos para llevarlas al recreo.

Creo sin dudar que las niñas son más fáciles de hacer entrar en razón que los niños, ahí el dicho que son más maduras, recién lo creí. Estaban tristes pero respetaban nuestra decisión, o bueno yo hubiera preferido que jugaran un rato pero el tiempo ya no nos daba para más.
Lo que no pude entender fue porque si los niños nos querían tanto a veces se portan así, me puse un rato a pensarlo hasta que me di cuenta que muchas veces tanto yo como el resto de mi salón somos exactamente iguales, queremos mucho a nuestros profesores, pero a veces de verdad me importan más mis problemas que escucharlos a ellos, me sentí como creo que muchos profesores se sienten y creo que debería de ser más respetuoso al igual que los niños.




Algo que gustaría hacer para después es el “PENSAR COMO NIÑO, ACTUAR COMO UN NIÑO Y SER UN NIÑO” esa frase se me pegó por un buen tiempo, me di cuenta que era sería la única manera de volver a entenderlas, ya que en algún momento fui uno y entiendo lo diferente que es serlo.